“48 horas antes de que Aznar fuera presidente”


Vie, 13/09/2013 | Opinión | Castilla-La Mancha

The fool on the hill” –  The Beatles  1967 (EMI)

…Día tras día, solo en una colina
El hombre de ridícula sonrisa permanece perfectamente inmóvil
Pero nadie quiere conocerle
Piensan que está loco
Y él nunca responde
Pero el loco de la colina
Ve ponerse el sol…

El domingo 3 de marzo de 1996 se celebraron en España elecciones generales; las urnas dieron el 38% de los sufragios al Partido Popular, un resultado ajustado para una campaña marcada desde las filas populares por el lema “Váyase, señor González”.

A las once y media de la noche, Aznar aparecía en la tribuna instalada en el balcón de la sede del partido en la calle Génova de Madrid, para celebrar la victoria. Le escoltaban Ana Botella, Francisco Álvarez Cascos, Rodrigo Rato y Mariano Rajoy.

Comenzaba a sí, la VI legislatura democrática de la España moderna. José María Aznar, tras la investidura, pasaría a ser  el nuevo inquilino del Palacio de la Moncloa y responsable del nuevo equipo de gobierno.

48 horas antes de conocerse el resultado de las votaciones, el entonces candidato a la presidencia del país por el centro derecha; llegaba al aeropuerto de Manises en Valencia acompañado de sus hijos y un nutrido sequito en el que destacaban Miguel Ángel Rodríguez, entonces coordinador de comunicación del Partido Popular y el cantante Julio Iglesias que se había sumado al sprint final de la campaña en apoyo a Aznar.

El primero de los coches que componían la comitiva, negro y con cristales tintados, se detuvo frente a la puerta de salidas del aeropuerto; del vehículo descendió con rapidez un Aznar vigoroso enfundado en una anorak verde, que complementada  con una bufanda a cuadros negros y rojos; extendió hacia mí su mano, de manera urgente y segura, tras el saludo de cortesía y un breve comentario hacia la agotadora campaña electoral, que se evidenciaba en él por una notable afonía;  le conduje a la sala de autoridades, en la que era esperado por el equipo del programa la Brújula de Onda Cero Radio, el popular programa radiofónico, capitaneado en aquella época por Ernesto Sáez de Buruaga al que acompañaban algunos de sus más destacados tertulianos, entre los que se encontraba  Eduardo Zaplana; a la sazón Presidente de la Comunidad Valenciana, tierra en la que el presidenciable acababa de cerrar campaña electoral con un último mitin en el “coso” de la ciudad del Turia.

Durante el desarrollo de la tertulia, en un par de ocasiones empujé hacia la mesa del programa, la silla en la que tomaba asiento la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. Con una sonrisa forzada, me susurró al oído, que aquel no era un evento en el que ella tuviera que tener protagonismo y que en todo caso si alguien había de intervenir en el debate radiofónico en representación de Valencia, debía ser el presidente de la comunidad.

Lo que entonces me pareció un absoluto gesto de humildad por parte de Barberá, con el paso del tiempo acabaría descubriendo que no era otra cosa que espartana disciplina hacia el líder político de la comunidad; Zaplana marcó territorios y Rita sabía casi a la perfección cual era el suyo, lo que no evito sonados encontronazos entre la valenciana y el de Cartagena.

A las 12 en punto de la noche, finalizaba la emisión del programa radiofónico que venía a coincidir con el comienzo de la jornada de reflexión. Como en el cuento de La Cenicienta,  Aznar abandonaba con rapidez la sala de autoridades para tomar su particular carraza, en este caso un bimotor que le llevaría a Madrid.

Trascurridas 48 horas, la foto con el candidato a la presidencia del país, pasaba a ser la foto con el nuevo presidente del gobierno de la nación, ¿Magia?; no, simplemente el misterioso azar que a veces, te permite, ser testigo privilegiado en primera fila, de la historia más reciente de nuestro país.

José María Aznar y Nicolas Ramos Pintado (Aeropuerto de Manises 1996)

José María Aznar y Nicolas Ramos Pintado (Aeropuerto de Manises 1996)

Entrar en valoraciones sobre su mandato como presidente, en los años que continuaron a su elección, es extraordinariamente tentador. Pero la opinión, es algo que forma parte del territorio de la subjetividad, sí contar algo verazmente, supone un ejercicio de honestidad para no manchar el relato con toscos puntos de vista; realizar un análisis sobre la labor de un individuo o grupo es algo que a los comunicadores debemos hacer desnudos de intereses.

Hace tiempo oí decir a un maestro de periodistas, que la libertad del comunicador comienza cuando este se libera de sí mismo.

Nicolás Ramos Pintado – Periodista

http://www.objetivocastillalamancha.es/content/48-horas-antes-de-que-aznar-fuera-presidente

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Archivado bajo 1996, Radio

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