Postales del ayer “La Estación de Rio Záncara”


rio-zancara

Caían del calendario las hojas de 1960. De aquel año recuerdo con cierta claridad mi cumpleaños, lo asocio a aquellos discos dedicados que sonaban en la radio; fue en el “Club de amigos” de La Voz de la Mancha en Socuellamos, en el que alguien de mi familia tuvo la feliz idea de encargar dos radiaciones “…para el niño más guapo, al cumplir cinco añitos, le felicitan…”.

Viviendo en pleno campo lo de ir a la escuela se convertía cada día, en una pequeña aventura. Como medio de trasporte, compartía con mi hermano, 6 años mayor que Estación de Rio Zancarayo; barra o sillín, en aquella destartalada bicicleta que el manejaba con gran destreza; hasta que de cuando en cuando, uno de los talones de mis botas, venía a introducirse entre los radios de la “bici”, haciendo que esta volteara hasta que los dos acabábamos maltrechos en suelo, como quijotes descabalgados de su flaca y traicionera montura.

Recorríamos diariamente 6 km. de camino entre ida y vuelta, con algunas dificultades añadidas como aquel tronco de árbol partido por la mitad, que servía de puente al cauce del rio Córcoles, afluente del Záncara y que mi hermano, cruzaba con extraordinaria pericia, sin necesidad de que tuviéramos que bajarnos de la bicicleta.

La escuela formaba parte del pequeño núcleo urbano de la Estación de Rio Záncara; una enclave ferroviario de la línea Madrid – Alicante, situada en el P.K. 171,6, perteneciente al término municipal de Tomelloso, en la provincia de Ciudad Real.

Viene a mi mente aquella estación con su enorme bullicio de gentes subiendo y bajando de los vagones; aquellas majestuosas máquinas de tren que agolpe de silbato se ponían en marcha agitando sus brazos y resoplando vapor, hasta casi perderse en aquella bruma; el trasiego de mercancías y cisternas con intenso olor a uva macerada, que salían de las bodegas para incorporase a transito ferroviario.

Pero está claro que el epicentro de mi recuerdo está en aquella escuela nacional de fábrica simplista, que se ajustaba con rigor a los cánones de la época; clases separadas para niños y niñas, crucifijo, fotografías y emblemas como marcaba la tradición. Las dos únicas clase, abarcaban a alumnos que iban desde los 5 a los 12 o 13 años de edad, de tal manera que el maestro unificaba criterios en los contenidos ya que tenía que impartir enseñanza a párvulos y a 1º, 2º y 3º grado, en una misma clase. Aún hoy me pregunto cómo era posible que el dictado y la lección sobre los fariseos, sirviera para todos.

Iglesia cercana a la estación de Rio Záncara

Iglesia cercana a la estación de Rio Záncara

El “mago” que hacía posible todo aquello se llamaba Don Eugenio, mi primer maestro, alguien a quien recuerdo con respeto y cariño, aquella figura pulcra y elegante, que me enseñó a resolver los primeros problemas matemáticos, contando garbanzos.

Trascurrido mi primer año de escolarización mi hermano mayor dejó de acudir a la escuela; con 13 años era el momento de ponerse a trabajar en el negocio familiar y a mí me compraron una bicicleta algo más pequeña con la que diariamente recorría aquellos 6 km. contra viento, lluvia, sol y lo que tocara, incluidos pinchazos en las ruedas y salidas de cadena.

De la estación de Rio Záncara, recuerdo su gran reloj, la estafeta de correos, las pequeñas tiendas en las que te vendían desde la goma de borrar y el lápiz, hasta sardinas saldas, y aquella bomba de agua que a los chavales tanto nos gustaba manipular, hasta que de ella manaba un vivificante caudal que calmaba la sed provocada por nuestras infantiles aventuras.

Las tres calles colindantes a la estación, estaban asfaltadas con la carbonilla de los trenes; lo que le daba un aspecto muy singular y aquel olor característico a carbón quemado que lo impregnaba todo y que quedó marcado in mis papilas olfativas, como parte de una infancia sencilla y feliz; llena de sabores, olores, imágenes y sonidos inolvidables y la piel marcada por el sol y el viento de La Mancha.

Nicolás Ramos Pintado

http://www.objetivocastillalamancha.es/content/postales-de-la-infancia-la-estacion-de-rio-zancara

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