La lucha contra el fracaso escolar, debería ser el primer objetivo de nuestros políticos


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Entrevista/cuestionario del diario El Mundo a José Manuel Boquet, presidente de FECEVAL (Federación Centros de Eneseñanza de Valencia)

¿Qué opina de las primeras medidas puestas en marcha por la Consellería de Educación?
Créame si le digo que, es patente una cierta precipitación en la puesta en marcha de determinadas medidas que, por otra parte, dejan claro que ha primado el interés por satisfacer las expectativas de su electorado antes que centrarse en el objetivo de mejorar la eficiencia de un sistema educativo que precisa medidas drásticas para mejorar sus resultados. El programa de gratuidad de libros de texto puede ejemplificar perfectamente el caso de una medida positiva y bien encaminada pero erróneamente ejecutada por precipitación, falta de reflexión y ausencia total de diálogo previo con los actores implicados en el programa, especialmente con centros educativos y ayuntamientos.

¿Cuál ha sido el mayor acierto hasta la fecha? ¿Por qué?

Difícil responder a la pregunta en tanto que no identifico ningún acierto, y ello no es mi opinión personal, le invito a que repase titulares de prensa de los últimos meses y podrá comprobar de una parte lo poco que se ha hecho y las pocas valoraciones positivas por parte de cualquier estamento social. No obstante, podemos manifestar que hemos visto muy acertados varios de los nombramientos decididos por la Consellería, entre los que quisiera destacar el de la presidenta del Consejo Escolar de la Comunidad Valenciana, Encarna Cuenca, que parece dispuesta a dotar al Consejo de la efectividad que todos creemos que debe tener.

¿Y el error más grave? ¿Por qué?

J.M. BOQUET - EN UNA CHARLA

José M. Boquet, presidente de FECEVAL

Sin duda alguna, como denunciaba una entidad muy afín al conseller, el “gobernar a base de slogans” buscando ante todo, como en un mitin electoral, la satisfacción fácil de sus votantes y olvidando que el gobierno valenciano gobierna para todos los valencianos y su objetivo debe ser la eficiencia, y no la complacencia de una parte de la sociedad. Es más que posible que ese enfoque de la manera de gobernar es el que haya llevado a la Consellería a limitar el diálogo con las entidades que les resulten más “útiles” en cada caso, obviando a menudo a entidades como las patronales del sector educativo que somos los únicos representantes legales del sector de la enseñanza privada, concertada o no, que, no lo olvidemos, supone la tercera parte de la comunidad educativa valenciana.

¿Debe la Consellería poner el foco en la educación concertada? Si es así, ¿en qué sentido?

Ante todo habría que clarificar el sentido de “poner el foco”; esa expresión parece hablar de alumbrar para descubrir lo oculto y a ello sólo cabe contestar que la enseñanza concertada ha sido siempre transparente y ajustada a la normativa vigente en cada momento. A pesar de ello hay un profundo desconocimiento de la labor social que realiza, de su eficiencia educativa y de las dificultades para sobrevivir con una financiación insuficiente y precaria. La respuesta concreta a su pregunta es que, en lo que se refiere a las funciones a desarrollar por la Consellería con respecto a los centros educativos, no hay nada que distinga la enseñanza concertada de la pública o la privada no concertada, ya que a todas ellas se les debe exigir el estricto cumplimiento de la legislación educativa.

¿Cuál debe ser el siguiente tema que debería abordar cuanto antes la Consellería?

Evidentemente, la lucha contra el fracaso escolar que no sólo delata la ineficiencia del sistema educativo sino que supone un lastre económico y social para el futuro de la Comunitat. La primera medida concreta y de fácil ejecución que debería ponerse en práctica es potenciar, y generalizar a todos los centros, la dotación de medios y recursos para atender al alumnado con necesidades educativas especiales así como la integración de alumnado inmigrante. En cualquier caso se debería abordar cualquier tema escuchando y teniendo en cuenta las características y necesidades de todos y cada uno de los sectores de la comunidad educativa, evitando así rechazos y apelaciones a instancias judiciales, a las que nos disgusta recurrir.

¿Cuál es el principal problema de la educación valenciana?

No creo que exista una problemática específica propia de la Comunitat Valenciana; nos aquejan los mismos problemas que a las restantes comunidades autónomas, salvo el “robo” de alumnos en edad escolar al sistema educativo por parte del mercado laboral; en esa línea es imprescindible motivar al alumnado para conseguir su continuidad en las aulas mediante la facilitación de contenidos aplicados y manifiestamente útiles para la futura vida social y profesional del alumno, al tiempo que se potencie la atención individualizada a los alumnos que la precisen. Por supuesto, hay medidas importantísimas que urge poner en práctica como la evaluación periódica de centros y de docentes y, en especial, la preparación y actualización de equipos directivos, un aspecto que desde nuestra Federación cuidamos especialmente con constantes cursillos y seminarios que nos aseguran equipos directivos altamente eficientes.

¿Es necesaria una Ley Valenciana de Educación?

Nuestra Federación, y yo entre otros representándola, participó hace bastantes años en la confección de un borrador de Ley autonómica y la verdad es que quedé convencido de su inutilidad en tanto y cuanto que abocábamos constantemente a una rememoración de la normativa estatal, como ocurre en las pocas leyes de este tipo desarrolladas hasta hoy. De hecho, el esfuerzo por justificar este tipo de leyes no hace sino ahondar innecesarias diferencias entre comunidades autónomas que no hacen sino generar innumerables problemas a la hora de la natural itinerancia de alumnos y docentes dentro del estado español. Lo que sí procede es un consenso nacional sobre las competencias específicas a desarrollar por cada comunidad en forma de legislación complementaria de cada aspecto educativo.

¿Deben aumentarse las horas de materias no lingüísticas impartidas en valenciano o inglés?

Si estamos de acuerdo en la conveniencia del conocimiento de las tres lenguas, lo ideal es partir de un modelo básico por terceras partes entre las mismas, modificando esa carga en función del entorno lingüístico y sociocultural de cada centro y las características del alumnado.

¿Considera que hay suficiente interlocución con los responsables de Consellería?

En su momento felicitamos al conseller por la rapidez con que nos recibió a poco de su toma de posesión. Desde entonces, siempre nos hemos encontrado en todos los departamentos con puertas abiertas y un trato cordial y afable que sinceramente agradecemos. Nuestra decepción ha surgido cuando, en contra de lo que ha sido habitual durante muchos años, no se nos ha solicitado opinión ni parecer sobre la diversa normativa que ha ido elaborándose. Debe tenerse en cuenta que una parte importante del actual equipo de Consellería son docentes y eso, que en muchos aspectos es una ventaja, se traduce en un inconveniente al concretar que todos ellos proceden de centros públicos, con un desconocimiento enorme de las características propias de la enseñanza privada y privada concertada a la que en muchos casos solo conocen a través de prejuicios políticos o corporativos muy alejados de la realidad.

¿Debería haber un pacto valenciano por la educación?

Efectivamente, así debería ser aunque solo fuera en aras de conceder una estabilidad al sistema que huyera de protagonismos políticos. La inestabilidad no procede de la tan cacareada multiplicidad de leyes educativas: en realidad, con sucesivas modificaciones parciales a menudo necesarias, el tronco vertebral de la LOGSE de 1990 sigue estando vigente. Es más frecuente que la inestabilidad proceda bien de las ansias de notoriedad de un partido gobernante o bien del rechazo sistemático a todo cuanto hubiera innovado el gobierno anterior. Un ejemplo palmario puede ser la FP Dual, que ha demostrado ser efectiva, que cuenta con el refrendo de su éxito en muchos países y que cuenta con el apoyo expreso de la Unión Europea y que, sin mayor justificación, el actual ejecutivo pretende descartar me temo que por el simple hecho de que el gobierno anterior hizo bandera de ella. Apoyamos pues un pacto aunque, como bien dijera el ministro Gabilondo, se limite a pactar lo pactable dejando fuera lo que irremediablemente separe a los posibles firmantes que, por cierto, no deberían ser en exclusiva los partidos políticos sino las entidades representantes de todos y cada uno de los sectores de la comunidad educativa. Cualquier pacto debe nacer de la propia sociedad y debe tener, por tanto, el carácter de un pacto social por la educación.

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