Hace 50 años que JM Serrát quiso cantar en catalán en Eurovisión


Eran otros tiempos, la dictadura marcaba sus normas y la cooficialidad de las lenguas en España era simplemente pura quiméra.

50 años después y con lo que ha llovido en este país, ¿Tiene sentido que cantemos en ingles en Eurovisión y no lo hagamos en cualquiera de las lenguas oficiales de España?

Para el que me responda que en ingles se nos entiende en todo el mundo y en euskera, gallego o catalán, no; me atrevo a responder con celeridad con otra pregunta, ¿Ha mejorado nuestra clasificación en el festival el hecho de cantar en inglés?, ¿A los responsables del ente público RTVE les importa algo la clasificación final de nuestro país a la vista de los resultados en los últimos años?

Pues señores, si Portugal se hizo entender en Europa en la última edición de Eurovisión en un idioma que solo tiene diez millones de hablantes a que esperamos en cooficializar realmente las lenguas de nuestro país.

RELATO DE UNA HISTORIA

El «La, la, la» y Eurovisión

por Fermí Puig

En enero de 1968 Joan Manuel Serrat es designado para representar a Televisión Española en el Festival de Eurovisión. En las ediciones de 1966 y 1967, la elección de Raphael no había dado los frutos deseados. Lasso, ni qué decir tiene, había utilizado sus contactos y en una jugada a dos bandas, conseguía la presencia de su nuevo artista a quien quiere dar a conocer internacionalmente y, de paso, que cante una canción del Dúo Dinámico, entonces Manolo y Ramón, también representados por él. La melodía era del dúo y la letra debía escribirla el catalán pero a condición de que se mantuviera el “La, la, la” del estribillo, dada su comercialidad e idoneidad para un festival de aquellas características. Resulta que Serrat hace la letra en catalán y no acaba de resolver la versión castellana. Hecho, por otra parte, normal, porque él hasta aquel momento había escrito casi toda su producción en su idioma paterno. Sólo tenía hechas tres canciones en castellano: “El titiritero”, que él y su editora habían postulado para que fuera la canción que representara a España, “Mis gaviotas” y “Poema de amor”.

Mientras hacía la promoción por Europa, la reacción entre sus seguidores catalanes era la que se esperaba. Algunos rompían sus discos en público, había insultos, amenazas, declaraciones de compañeros de profesión acusándolo de haberse vendido y un largo etcétera de reproches que hicieron que el cantante empezara a replantearse la situación.

Parece que su elección por parte del Ministerio de Información y Turismo, que entonces dependía de Fraga Iribarne, podía haber sido para dar un golpe de efecto y demostrar que no se les caían los anillos por escoger a uno de los máximos representantes de la Nova Cançó, movimiento que había conseguido ser importante pese al continuo maltrato y a la persecución sistemática de la que había sido objeto por parte de su ministerio y del resto del engranaje gubernamental. De esta manera, la opinión pública del resto del Estado pensaría que la manía persecutoria al catalán y a sus trovadores era poco más que un invento.

El 8 de marzo de 1968, TVE le dedica el programa Así es, así canta para promocionarlo en toda la península. Allí interpreta cuatro canciones en catalán: “Cançó de matinada”, “Paraules d’amor”, “Me’n vaig a peu” y “Ara que tinc vint anys”, más las tres que ya había compuesto en castellano.

Tras una fuerte inversión en músicos —como la contratación del cotizado compositor y arreglista alemán Bert Kaempfert, que había compuesto para Sinatra tras ser el primero en grabar a los Beatles—, orquesta, estudios, medios y en una promoción agotadora por media Europa, llega el momento crucial. Las negociaciones entre su representante y los de EDIGSA eran constantes y Lasso veía posibilidades de que le dejaran hacerlo en catalán. Para él estaba en juego una audiencia para su pupilo de unos doscientos millones de espectadores. Instalados por unos días en un hotel de París, lejos de todo el maremágnum que había, Josep Espar Ticó recibe la confirmación de boca de Serrat de que se negará a hacerlo si no le aceptan el cambio de idioma. Preparan una nota y se convoca a los medios de comunicación en la emblemática librería Ona de Barcelona a primera hora de la mañana del 25 de marzo; es decir, a doce días de la fecha del Festival.

A la rueda de prensa, multitudinaria, no acude Serrat, que se ha quedado en la capital francesa. Los representantes de EDIGSA y Lasso de la Vega comunican a los asistentes que el artista había enviado una carta a Juan Aparicio Bernal, de TVE, en la que le manifestaba su decisión de no cantar el 6 de abril en el Albert Hall de Londres si no le permitían hacerlo en catalán. De hecho, la misiva todavía no se había enviado, la traería personalmente Claudi Martí aquella misma mañana, por duplicado, cogiendo un avión hacia Madrid y entregando una copia al Ministerio de Información y Turismo y, otra, a TVE. Se decidió hacerlo así para evitar que se adelantaran a la jugada y sustituyeran a Serrat antes de recibir aquella sonora bofetada, algo a lo que no estaban acostumbrados.

Es posible que Lasso, Serrat y EDIGSA creyeran que con tan poco margen de tiempo, los responsables televisivos y ministeriales cederían. Se dijo que al fin y al cabo era una estrategia para negociar y poder colar diplomáticamente parte de la canción en catalán y, parte, en castellano, de modo que quedasen todos más o menos contentos. ¿Recordáis cómo acabaron los Hechos del Palau y la negociación con los ministros? ¿No habría sido más fácil en los dos casos aceptar una salida más inteligente y diplomática?

Pero su posible sustituto, en caso de emergencia, ya hacía días que estaba más o menos apalabrado. El poder, y más en un sistema dictatorial, tenía sus métodos para obtener información de primera mano y seguro que estaban enterados, no de la carta, pero sí de la intención del cantante desde días antes. Incluso algunos llegaron a sospechar que se habían instalado micrófonos en determinadas salas privadas de reuniones, cosa que no sería de extrañar. Puede que este fuera el motivo por el que su reacción fue tan inmediata y fulminante y se relativizara el factor sorpresa.

La carta pública en la que Serrat confiesa sus motivos dice lo siguiente:

“El pasado mes de enero fui designado por TVE para representarla en el festival de Eurovisión que se ha de celebrar en Londres el próximo mes de abril. Esto fue para mí un orgullo y al mismo tiempo una responsabilidad porque sabía que los ojos y parte de las pequeñas ilusiones de millones de españoles estarían fijos en mí. Fue seleccionada, posteriormente, la canción “La, la, la” de Manuel de la Calva y Ramón Arcusa que, en contra de todas las opiniones, en su mayoría poco fundamentadas, considero muy adecuada para el tipo de festival al que va destinada.

Empezó a partir de este día una verdadera promoción de la canción y mía, naturalmente, por toda Europa y esto me alejó del país para llevarme de ciudad en ciudad y de plató en plató. Este alejamiento físico, unido a mi bisoñez y el exceso de trabajo, me impedían juzgar las cosas con claridad. Me faltaba también el contacto diario con la gente, con el hombre de a pie que nos mira de lejos y nos sigue muy de cerca. Siempre me atormentaba una preocupación, una inquietud que seguramente romperé de una vez con esta carta. Yo soy y continúo siendo, por encima de todo, un cantante catalán y en esta lengua me he expresado para cantar durante cuatro años.

Cuando fui designado para representar a TVE en Londres se me conocía por mis canciones en catalán. ¿Por qué, entonces, no cantar en Londres en catalán cuando ya estaba preparada la versión catalana del “La, la, la”?

El argumento de la lengua oficial no me parece lo suficiente válido como para anular la pregunta.

Un día, no hace mucho, volví al país. Llegué a casa y hablé con la gente de mi calle y me di cuenta que esta gente sencilla y sin retorcimientos de ninguna clase, se preguntaba lo mismo que yo: ¿Por qué no…?

Un hombre ha de ser fiel a sí mismo y a la gente que le es fiel. Por estas dos razones me he permitido enviar una carta al director general de Radiodifusión y Televisión rogándole que comprenda mis argumentos y me autorice a cantar en Londres en catalán o que, en caso de que esto no fuera posible, acepte mi renuncia irrevocable.

Querría que en esta carta abierta quedara reflejada toda la buena voluntad que me guía a tomar esta decisión y que toda la gente de habla castellana, estoy seguro de esto, comprenderá mis motivos, como pública y reiteradamente ya lo he expresado a través de la prensa.

Al mismo tiempo quiero dar las gracias a todos quienes, desde antes del día en que por primera vez salí a un escenario hasta hoy, me han alentado, me han tendido la mano e incluso a aquellos que me han criticado, porque todos, a la postre, me han ayudado. Muchas gracias”. Firma: Joan Manuel Serrat.

Poco después, horas después para ser más precisos, TVE emite un comunicado en el Telediario del mediodía en el que, aparentemente sorprendida por la decisión del artista, asegura que la pretensión de cantar en catalán nunca la había planteado.

Hacen constar, como he dicho antes, para hacerse los tolerantes y aperturistas, el hecho de que el autor había salido en dos programas cantando varias canciones en su lengua. Ésta era la respuesta de la emisora:

“Hay que destacar que, en este sentido, no se hace el menor asomo de discriminación y que se actúa con el mayor respeto hacia una lengua que forma parte del patrimonio cultural de nuestra patria, con el deseo de cultivar y enriquecer este patrimonio. TVE transmite un programa quincenal en catalán en el que se interpretan obras de teatro, poesía, canciones, etcétera. Televisión Española considera que esta decisión del cantante señor Serrat es incorrecta e inadmisible y que pretende dar un sentido político a la participación de TVE en el Festival de Eurovisión. Por eso ha tomado la resolución de retirar su nombre como intérprete de la canción española en este festival, reservándose todos los derechos legales que correspondan por los perjuicios causados por incumplimiento de su compromiso, por parte del Señor Serrat.”

Teníamos la suerte, como no se privaban de recordar, de disfrutar de un programa de televisión cada quince días. Cómo podíamos ser los catalanes tan desagradecidos, Serrat el primero, con lo que quieren a nuestra cultura determinados ámbitos y los esfuerzos que ya hacían entonces por ayudar a mantenerla viva.

Al día siguiente, las portadas de los diarios nacionales abrían con titulares tan escandalosos como el de Solidaridad Nacional, que titula la crónica con un: “Serrat se niega a cantar en su lengua materna”, y añade: “Cataluña y Euskadi, al poner en juego su folclore, su lengua y tradiciones lo hicieron de manera sucia, porque detrás de todas estas cosas… se escondía un odio a España.”

El diario Arriba va más lejos y tras un “Chantaje e ingratitud”, añade: “Que TVE ejerza sus derechos legales en defensa de los cuantiosos gastos que el tal sujeto ha ocasionado y para que éste de con sus huesos en la cárcel.”

Otros, como Mundo dicen: “Serrat nunca debió aceptar cantar en castellano para Eurovisión. No se trata de una actitud política sino musical”, y continúa la crónica más adelante con una acertada reflexión: “Se daba la paradoja de que se negaba la politización de un hecho adoptando una actitud esencialmente política… Una politización que llegó a sus últimos extremos con la reacción de TVE ante la carta de Joan Manuel Serrat. Las medidas drásticas adoptadas tienen más de represalia política que de castigo individual.”

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Archivado bajo Cultura, EUROVISION, Music, MUSICA, OLD DISC, Prensa

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