MOSAICO


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Tierra ensangrentada:

El crimen de “Pocopán”

“La oscuridad devora las últimas luces del día en La Mancha, la tenue llama de un candil ilumina la austera cocina de la casa de labranza; Ignacio, sentado sobre la esquina de un camastro de piedra, dobla su cuerpo e inclina su cabeza para desatar sus albarcas tras la dura jornada. A su lado Manuel, el joven campesino, levanta una azuela y golpea con todas sus fuerzas la nuca del postrado, que cae de bruces al suelo quedando inerte en medio de un creciente charco de sangre”.

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Foto. V. Muro. Criptana 1933 (ABC)

La historia que pasamos a contar forma parte de la “crónica negra” de la España prebélica de los años 30”, y nos retrotrae en el tiempo hasta 1933. A modo de apunte etnográfico, en estas fechas los campesinos visten de manera humilde con pantalón generalmente de pana, ancho, que ajustan a la cintura con una fina cuerda o con un cinturón de piel curtida, calzan albarcas y protegen sus pies con recios trozos de tela “peal” que doblan con cuidado para que los pliegues no les provoquen rozaduras; finalmente rematan el laborioso trabajo atando albarcas y peal al tobillo, en una filigrana de cuerdas que sellan con el bajo del pantalón impidiendo la entrada de la tierra; completan la indumentaria con un blusón pardo o gris y cubren la cabeza con pañolón del mismo color anudado al cuello o a la nuca o a un sombrero de paja de ala ancha.

El sol matinal deslumbra la vista e ilumina en la distancia la cal blanca de los coceros, pequeñas casas de labranza que motean el paisaje, en el que no es difícil ver en la distancia algún rebaño de ovejas con su pastor y los perros, o el discurrir de un tren por la vía férrea entre la Meseta y Levante.

No es que haya mucho que ver allí… Pocopán forma parte de la arquitectura rural, estancias cimentadas en piedra y acabadas en tierra, prensada y encaladas, agolpadas anárquicamente unas sobre otras y rematadas con un camarín que alguna vez fue utilizado como palomar, varios corrales, y en su entorno, pequeños vestigios de edificaciones ya desaparecidas.

La casa de Pocopán, es una quintería manchega que hoy, a duras penas, se mantiene en pie. Dedicada a la agricultura y la ganadería está situada en un cruce de caminos entre viñedos y tierras de labor, sus propiedades, en origen, estuvieron divididas entre los términos municipales de Socuéllamos y Tomelloso, en la provincia de CiudadPocopan Real; zona eminentemente agrícola, que con el paso del tiempo fue cambiando su llana orografía por culpa de las múltiples canteras de arena abiertas en la zona que acabaron rasgando su manto; lo que nunca cambiará será su nítido cielo azul y su horizonte limpio, rara vez perturbado hasta donde alcanza la vista.

La forma de expresarse en la zona es extraordinariamente singular, marcada por los localismos de esta parte de La Mancha, pero sin perder la campechanía se habla siempre en tono alto y en continua afirmación y posesión de la verdad. Se podría decir que el que tiene la palabra está en lo cierto.

En 1933, recién estrenada la II República, el país vive un año de gran agitación política y social, algo que acaba teniendo su eco en Campo de Criptana, lugar de nacimiento y residencia de los dos protagonistas de nuestra historia.
Arrancaba el año con un suceso luctuoso ocurrido en la limítrofe localidad de El Toboso, donde el 7 de enero muere una niña de veinte meses al ser atropellada por una camioneta dedicada al reparto de pescado. El vehículo con matrícula de Ciudad Real resultó ser propiedad del vecino de Campo de Criptana D. Blas Aillón.
El 20 de enero es asaltada la finca de D. José Alonso Orduña, ex presidente de la Diputación de Madrid. Tras la intervención de la Guardia Civil fueron desalojadas unas doscientas personas que se dedicaban a cortar leña en el monte del hacendado.
En la misma fecha el Alcalde de Campo de Criptana D. Gregorio Ortiz, del partido socialista, reclama la intervención de las fuerzas de orden público por un intento de agresión durante la celebración de un pleno en el consistorio.
foto_josefina_casarrubios_vendimiadoras_de_CriptanaEl mismo alcalde fue acusado durante el año de impedir la celebración religiosa en algún entierro católico y de amenazar con movilizaciones en la calle si no cambiaba la actitud de los opositores.
El 29 de septiembre grupos de hombres y mujeres impiden la salida al campo de los vendimiadores, formando posteriormente una manifestación frente al Ayuntamiento en la que demandan de los bodegueros el pago de 15 céntimos por kilo de uva. El alcalde ordenó fijar un cartel en el balcón principal con la relación de demandas y se comprometió a trasmitirlo a las autoridades pertinentes. El hecho no satisfizo a los manifestantes, que acabaron entrando en el consistorio retirando con gran descontento la misiva del balcón.
El 9 de Octubre se disuelven las Cortes y se convocan nuevas elecciones en España.
El 23 de octubre una comisión con representantes del sector de propietarios agrarios, radicales y conservadores, protestó enérgicamente ante el gobernador civil de Ciudad Real por la situación política que se vivía en Criptana. Acusó al alcalde y concejales socialistas de no dejarles expresarse con libertad en los plenos municipales, y de maniobras electoralistas para amedrentar a las mujeres con el objeto de que se abstuvieran de votar en las próximas elecciones.
A finales de octubre el escenario de nuestra historia, Pocopán, situado a unos 30 kilómetros de Campo de Criptan, en dirección este, era un lugar poco o nada conocido salvo para la gente del campo de las poblaciones cercanas, Socuéllamos, Tomelloso y Pedro Muñoz, que hablaban con sorna de aquellas quinterías marcadas por la pobreza o escasez de aquellos años, “Pocopán”, “Pocoaceite” y “La Miseria”.

Explotaba aquellos parajes Ignacio Huertas Carrillejo, segundo vástago de una familia de seis hijos con residencia en Campo de Criptana, propietaria de tierra y fincas en la zona. Ignacio era hombre casado, padre de dos hijos, que contaba con treinta y seis años de edad, mediana estatura y pelo rubio; era conocido por su carácter irascible, lo que la hacía chocar frecuentemente en sus relaciones con los demás.

Trabajaba a sus órdenes, como peón, el joven de diecinueve años Manuel Segovia Lucas, vecino de la misma población, que ganaba su jornal como asalariado ayudándole en las labores del campo.

El 25 de octubre, mediada la semana, amo y zagal están acabando las labores de siembra. Ahora sólo faltaba que el otoño trajera lluvias y que las heladas no malograran el trabajo.

Aquella mañana no parecía diferenciarse a las demás salvo por el cielo encapotado que impedía ver el sol. Desde temprano Manuel mantiene en equilibrio la vertedera de un antiguo arado romano arrastrado por una mula con el que dibuja surco tras surco el barbecho; la costra suave y las hierbas secas del otoño se voltean a su paso, la tierra deja entonces ver el color real de sus entrañas, marcado por la gama de óxidos de la que está compuesta, rojo tierra, rojo ocre, rojo sangre…

El joven gañán repite una y mil veces la misma rutina hasta que la parcela de tierra, en perfecta simetría, dibuja un suave mar de ondulaciones por el que Ignacio caminará con medio saco de semillas atado por los extremos a su hombro a modo de alforja. El hombre va esparciendo a puñados la simiente. Decenas de pájaros en pequeñas bandadas se agolpan a su paso para picotear el grano o las pequeñas lombrices que el paso del arado dejó al descubierto.

Nuevamente Manuel vuelve con la mula a la parcela, pero ahora en lugar del arado de lo que tira el animal es de un largo madero a cuyo paso por arrastre se produce el sellado de los surcos, quedando el grano enterrado y listo para su germinación.

Tras la puesta de sol el amo da por finalizada la faena, y junto al peón se dirige con las mulas del ramal a la casa. Tras encerrar y echar de comer a los animales, ambos se enzarzaran en una de sus habituales discusiones, que fue subiendo gradualmente de tono. Esta vez el tema de los reproches de Ignacio a Manuel es que el joven se había despistado dejando por cubrir de tierra una parte de los surcos en la última parcela sembrada.

– Mira que te lo tengo dicho: no pones ningún interés en lo que haces. Si sigues en las mismas ve pensando quién te va a pagar el pan mañana.

– Con la miseria que me paga no tengo ni para pan.

– Pues de la próxima paga te descuento el trabajo mal hecho, lo mismo que hay Dios.

– Ignacio, usted sabe que no lo hice a propósito, y ya me tiene harto con tantas amenazas.

– A ti te va a pasar lo que a Alfonso XIII, que te vas a tener que ir de España si no tienes más educación y respeto a los mayores. Y si piensas que esos jovenzuelos con los que te juntas te van a resolver las cosas, vas listo.

– Mire, ¡ya está bien! Precisamente la República defiende nuestros derechos y nos ampara a los trabajadores de los abusos que el amo comete contra el peón. Así que tenga cuidado también usted con lo que dice.

– ¿Me estas amenazando, inútil?

– Solo le digo, amo, que deje de insultarme, que en una de éstas acabaré haciendo una tontería.
La discusión continuó enmarañándose como una maldita tela de araña. De los reproches se pasó a los insultos y a las descalificaciones. El tono agrio de las palabras hace que hasta la garganta de los dos hombres suba el amargo sabor del odio y el desprecio mutuo.

La oscuridad devora las últimas luces del día en La Mancha, la tenue llama de un candil ilumina la austera cocina de la casa de labranza; Ignacio, sentado sobre la esquina de un camastro de piedra, dobla su cuerpo e inclina su cabeza para desatar sus albarcas tras la dura jornada. A su lado Manuel, el joven campesino, levanta una azuela y golpea con todas sus fuerzas la nuca del postrado, que cae de bruces al suelo quedando inerte en medio de un creciente charco de sangre.pocopan2

Tras unos instantes de duda, ante la inmovilidad de Ignacio, Manuel balbucea unas casi ininteligibles palabras:

– Amo, ¿Está usted bien? Veré, es que me saca de quicio, y en una de éstas… ¡amo!, ¡amo!…

Pero Ignacio ya no contesta. Un hilo de sangre sale por su nariz hasta dibujar un pequeño charco de un intenso color ocre oscuro entre el empedrado suelo de la cocina, que vaticinaba lo peor. Cuentan las crónicas de la época que Manuel tuvo la sangre fría de cenar junto al cadáver. Después soltó las tres mulas en la estancia, quizás con la intención de crear confusión en la escena del crimen: era evidente que los animales patearían con toda probabilidad varias veces al difunto hasta que fuera encontrado. Luego cerró con la llave la puerta de la casa, y la pasó por debajo de la misma y marchó a la estación de ferrocarril de Rio Záncara, desde donde se desplazó en uno de los primeros correos de la mañana hasta Campo de Criptana.

Al llegar al pueblo, Manuel se dirigió al domicilio familiar del amo y tocó la puerta de la casa. A su llamada abrió María Ignacia, la mujer del amo.

– Buenos días Manuel, ¿cómo tú por aquí?, ¿ha pasado algo?

– No, que va, que he tenido con Ignacio una de nuestras discusiones y me ha despedido. Pero mire, mejor, que ya me tenía harto.

– ¿Y yo que puedo hacer por ti, muchacho? – Preguntó la mujer en tono apesadumbrado.

– Dice su marido que me dé el salario que me debe de los últimos 15 días, y en paz.

– No sé, zagal. Tú sabrás. Y ¿qué vas a hacer ahora?

– Lo mismo me marcho a Francia. Dicen que allí se encuentra trabajo con facilidad.

Pero los remordimientos hicieron presa en Manuel, que se refugió en la casa de sus padres y esperó con angustia el desenlace de su acción.

El 27 de octubre la noticia corrió por el pueblo como reguero de pólvora.

– ¡Dicen que han encontrado muerto en Pocopán a Ignacio Huertas!

– ¿Muerto? Pero si era muy joven …

– Cuentan que lo han pisoteado las mulas y que tiene un golpe en la cabeza, y que estaba sobre un charco de sangre.

Manuel no pudo aguantar más la presión y, aconsejado posiblemente por uno de sus hermanos mayores perteneciente a la policía local de Campo de Criptana, decidió entregarse voluntariamente a las autoridades, reconociéndose autor del crimen, por lo que ingresó inmediatamente en prisión.

El 21 de junio de 1934, ocho meses después del suceso, en la Audiencia de Ciudad Real se vio la causa instruida contra el obrero campesino (palabras textuales) Manuel Segovia, que mató a palos por cuestiones sociales a su patrón Ignacio Huertas.

El fiscal solicitó 27 años de reclusión mayor por entender que existió alevosía. El abogado de la defensa, Sr. Calatayud, expuso cuatro atenuantes que la fiscalía aceptó modificando sus conclusiones, reduciendo su petición a diez años de cárcel.

El jurado emitió veredicto de culpabilidad y la Sala condenó al procesado a los diez años solicitados.

La defensa anunció que recurriría la sentencia ante el Supremo, quedando en preparación el expediente de indulto del procesado.

Coincidiendo con el primer aniversario del crimen, el 26 de octubre de 1934, Manuel Segovia Lucas es detenido por una patrulla de la guardia de Asalto en las inmediaciones de la cárcel en la que cumplía condena, en compañía de otros dos reclusos. Al ser cacheados se les encontraron dos cucharas en forma de gancho unidas por una cuerda que los fugados habían utilizado para descolgarse por los muros de la prisión, a la que fueron devueltos.

Cuentan que dos años más tarde, como consecuencia del inicio de la Guerra Civil, Manuel se acogió a una amnistía general que en 1936 permitió a ex convictos poder alistarse en el Ejército de la República para redimir sus condenas. Sea como fuere, su estela se pierde en aquellos años oscuros de la Historia de España, en los que la vida y la muerte dejaron de tener importancia.

”Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.
Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra”…

“Bodas de Sangre” F.G. Lorca (Obra teatral estrenada en la primavera de 1933 en Madrid)

La triste historia de Ignacio Huertas se reduce a que fue encontrado dos días más tarde de su violenta muerte por los peones de una finca cercana, que, extrañados por no ver actividad ni en la casa ni en el campo, se acercaron para comprobar qué pasaba. Era obvio que al llegar tuvieron que forzar la puerta, y que una vez dentro encontraron el cadáver pisoteado por las mulas y en avanzado estado de descomposición, apreciándose que partes del rostro habían sido devorados por las ratas.

– ¡No me hable de Ignacio! Sí, le conocí de muchacho.
¿Carácter? ¡Una tormenta en agosto sería más tranquila! Pero su madre, en cambio, era una bellísima persona. Con un corazón grande como una casa. Y su padre, lo mismo. Los dos, gente sencilla y buena.

Pocos meses después fallecía el padre de la víctima, sin haber podido superar la pérdida del hijo, embargado por la tristeza.

Ochenta años después los recuerdos se convierten en fotografías borrosas en la mente de los familiares y parientes de los protagonistas de esta crónica negra, que prefieren enterrada y olvidada. La historia forma parte del capricho de quienes la escriben: unas veces porque acomodamos la realidad a nuestros intereses, otras,pocopan3 porque el eco de los firmes rumores sobre un hecho, sin ninguna duda, acaban prevaleciendo sobre la verdad.

El caldo de cultivo estaba preparado para este tipo de situaciones. Frente a la insensibilidad del caciquismo, la llegada de la II República, alimentó la lucha de la clase obrera por hacer valer sus derechos, ideas que arraigaron e inflamaron el espíritu de los más desfavorecidos, abecés tristemente incapaces de saber ver con claridad dónde estaban los límites entre lo justo y lo que no lo es, algo que jamás servirá para justificar la perdida de una sola vida humana.

Y la vida continuó. A comienzos de los años cuarenta Consolación Huertas, hermana del fallecido y heredera de la propiedad, vendió la casa de Pocopán y unas tierras anejas a Juan Ramos, mi abuelo paterno. Viene a mi mente el recuerdo de aquellas paredes de tierra encalada que contemplaron silenciosas tan siniestro suceso, entre las cuales discurrió parte de mi niñez entre juegos y deberes escolares.

Mis terrores infantiles fueron los de cualquier niño: miedo a la oscuridad, sobresaltos provocados por las bromas de mis hermanos… pero nunca, nunca, recuerdo haber visto la sombra de un fantasma reclamando justicia por aquellas estancias.

Nicolás Ramos Pintado

Fuentes consultadas:
Hemeroteca diario ABC y Heraldo de Madrid.

Publicado en: http://www.objetivocastillalamancha.es/content/tierra-ensangrentada-el-crimen-de-pocopan

Foto: V. Muro, Criptana 1033 (ABC)

Foto: V. Muro, Criptana 1033 (ABC)

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Carta a Maria Antònia Munar

“Buenos días princesa”

Opinión | Nacional | Vier, 23/08/2013

“Princesa” Joaquín Sabina (BMG-Ariola 1986)

…” ¿Con qué ley condenarte
si somos juez y parte
todos de tus andanzas?
Sigue con tus movidas,
pero no pidas
que me pase la vida
pagándote fianzas.
Ahora es demasiado tarde, princesa
búscate otro perro que te ladre, princesa”…

Buenos días princesa:

Cuando llegué a su reino, en las navidades del año 2000; aquel, me pareció un lugar inhóspito y frio. El viento se colaba por las callejas del casco antiguo, de aquella ciudad, en la que el tiempo parecía haberse detenido.

La capital de la isla mayor, nunca fue, a mi modo de ver, un espejo de ostentación; tanto el Palacio de La Almudaina como la propia Catedral, forman un mismo conjunto arquitectónico, que hace de la austeridad, una de sus principales señas de identidad.

Me contaron luego, que buena parte de la ornamentación externa de la Catedral, es fruto de los trabajos de restauración realizados en el monumento en la segunda mitad del siglo XIX, tras sufrir este, un terremoto y que sirve para cubrir algunas de las heridas que sobre él, dejó el seísmo.

El nativo de su reino, tampoco se caracteriza por la facilidad de trato, resultado ser, por lo general, desconfiado y poco dado a la empatía.

Es extraño, princesa, que en este caldo de cultivo, se diera un personaje de sus características. Pero no se preocupe alteza, que seguro alguien se precipitará a justificar su

Maria Antònia Munar en Onda Cero Radio con Nicolás Ramos Pintado y el equipo del programa

Maria Antònia Munar en Onda Cero Radio con Nicolás Ramos Pintado y el equipo del programa

actitud, como la excepción que confirma la regla.

¿El poder, corrompe?, está claro que en su caso sí; de esta manera lo han manifestado los jueces que tras dictar sentencia firme, la han puesto a Vd. entre rejas.

Me cuesta imaginarla, princesa; en tan denigrante situación. Yo prefiero recordarla, menuda, vivaz, enfundada en sus modelos sastre, confeccionados en seda salvaje y perfumada de Christian Dior.

Los plebeyos somos así, llegamos a las cortes reales y nos deslumbran lo oropeles, sin llegar a saber muy bien, lo que se esconde tras ellos… bueno ciertamente su corte, desprendía un “tufillo”, bastante desagradable, tirando a putrefacto, pese al derroche de incienso.

Me dijeron que el mérito no era todo suyo y que tras Vd. princesa; movía los hilos su particular y cínico “Richelieu”, que engordaba sus alforjas a costa de las “caprichosas” decisiones, que Vd. tomaba, o tomaban por Vd.; “ahora le doy el gobierno a este, ahora se lo doy a aquel, y mientras los tenemos entretenidos, amañamos unos concursos públicos, y nos repartimos uns diners”…

Alguno de sus lacayos, incluso, se permitían amenazar, con su caída en desgracia, a quienes osaran enfrentares a Vd. o simplemente divulgar o generar comentarios, que pudieran cuestionar su imagen pública.

Ya ve, que bien la cuidaron sus asesores de imagen, los profesionales de su tv, sus periodistas de nómina, su sanedrín…

Créame princesa, que no celebro su actual situación, y que prefiero recordarla con una copa de Moët & Chandon en la mano en Hipódromo Son Pardo, el día del Gran Premio, al que no faltaba ningún año, o en cualquier otro evento, tan prodigados durante su mandato.

Pero está claro que los excesos pasan factura y Can Domenge, parece ser la primera y no la única que Vd. ha de pagar.

* Carta a Maria Antònia Munar, Ex presidenta del Parlamento de las Islas Baleares y del Consejo Insular de Mallorca

Nicolás Ramos Pintado – Periodista

http://www.objetivocastillalamancha.es/content/carta-maria-antonia-munar

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“LA PALOMA DE ALBERTI”
Opinión | Nacional | Mar, 05/08/2013

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“La paloma” Joan Manuel Serrat (Philips-1969)

“…Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba…”

Rafael Alberti

Era una fría tarde de comienzos de  diciembre de 1988 en La Mancha; la cita, en la hermosa ciudad de Almagro. Una grabadora de cassette y una carpeta de cartón con algunas notas biográficas, eran  las armas con las que aquella tarde y tras acudir a su recital poético, iba a enfrentarme a una de las escasas leyendas vivas de la Generación del 27.

Medio centenar de personas ocupaban la estancia en la que el poeta brillaba con halo especial, su imagen era un claro cliché fácil de identificas; larga y abundante melena cana que asomaba ofuscada bajo su gorra y su habitual bufanda al cuello; me recordaba a Aristide Bruant en aquel cartel pintado por Toulouse-Lautrec. Completaba aquella imagen visual, su fuerte complexión física, a la que mi memoria añade, su voz desgastada por el paso de los años, que sonaba casi como un lamento, como un rumor de mar, que en triste latania, recorría las líneas de aquellos versos compuestos durante una intensa y larga vida como poeta; sin olvidar su exilio en Roma, aquella etapa en la que sus poemas hablaban de gatos, “Roma y sus gatos” decía Alberti, “Cádiz y su luz”, decía Alberti, “el toro”, “la sangre”, “la tarde”, “las olas”, “el amar”… decía Alberti.

Acabado el recital, el poeta aceptó responder a mis preguntas, y como no podía ser de otra forma, le pregunté por aquella generación “única” y habló con respeto y admiración de ellos, del que más, de Lorca; del que nada, Hernández; esto último me sorprendió y al preguntarle explícitamente por el pastor de Orihuela, me respondió, que en su opinión “Hernández, era un poeta sobrevalorado”.

Al final de la entrevista tuve el pésimo gusto de preguntarle sobre la muerte, algo que morbosamente hacemos en “los medios”, cuando el personaje entrevistado pasa de los 80 años; recuerdo que Alberti, se reacomodo sobre la silla en la que estaba sentado y respondió con concreción a tan escabroso asunto, “…mire joven, eso es algo en lo que no pienso, cuando llegue, me marcharé y punto final”, “si le digo, que mi deseo, es que a mi muerte mis cenizas sean esparcidas por la bahía de Cádiz”.

Al concluir la entrevista le di las gracias y le ofrecí la carpeta en la que guardaba los apuntes, con el propósito de que me la firmara, y pese a mi impertinencia, el poeta tuvo el detalle de “amistosamente” decorarla con una de sus palomas.

11 años más tarde Rafael Alberti, moría a los años 96 años en su casa del Puerto de Santa María de Cádiz.

Nicolás Ramos Pintado

Periodista

http://www.objetivocastillalamancha.es/content/rafael-alberti

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“CARTA A CONCHA GARCÍA CAMPOY”
Opinión | Nacional | Mar, 25/07/2013

Paolo Conte –“Via con me (It’s Wonderful)”

“Vamos, vamos, vámonos de aquí,

ya nada te ata a estos lugares

ni siquiera estas flores azules…”

Querida Concha:

Tuve el enorme placer de conocerte en 1999, cuando Onda Cero, la radio de la ONCE, pasaba a ser la radio de Telefónica, o mejor dicho, la radio de Javier Gimeno de Pride y los suyos.

Te conocí en Valencia y volví a coincidir contigo en la presentación en septiembre de aquel mismo año, de la nueva programación de Onda Cero Radio en el Hotel Ritz de Madrid. Estaba claro que los nuevos propietarios de la marca no reparaban en gastos.

Sobre la tarde pesaba un halo de desconcierto ante lo que nos venía de nuevo. Frente a la puerta de entrada al hotel se podía ver una pequeña pancarta concha_garcia_campoyen apoyo a Julia Otero, entonces, recientemente apartada de la programación de OCR por el contenido de sus programas; según la cadena, “elitistas” e “intelectualmente elevados”.

Pipo Gimeno había incumplido su promesa de mantener a Julia en la programación, sustituyéndola finalmente por alguien más a fin a la nueva línea de la casa; la periodista Marta Robles.

En la nueva escaleta de programas que conocimos aquel día, tu Concha, pasabas a ser la directora y presentadora del “Hoy es domingo” un magazine en la línea de “A vivir que son dos días” con el que tanto éxito cosechaste en la SER.

Los invitados al evento nos dirigíamos mansamente al control de credenciales cuando apareciste tú, radiante, sonriente, elegante… no dudaste un segundo, pronunciaste un “¡hola director!” me cogiste del brazo, y pasamos juntos, frente a la nube de fotógrafos que aguardaban a la entrada al salón principal del Ritz.

Luego con la misma elegancia y sutileza que viniste a mí, te evaporaste como en sueño; preso por la fascinación, seguí tu estela con la mirada, hasta perderte entre los invitados.

Hoy, Concha, nuevamente te veo marchar, con la misma elegancia y sutileza de entonces.

Esta profesión que tú elegiste y yo compartí contigo, tan compleja y caprichosa, nos da momentos únicos e irrepetibles; conocerte fue uno de esos regalos que la radio me dio.

Hasta la vista Concha.

Nicolás Ramos Pintado (Periodista)

http://www.objetivocastillalamancha.es/content/carta-concha-garcia-campoy

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“EL LUTE”
Opinión | Nacional | Mar, 18/06/2013

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“El Lute” Boney M. (Atlantic-1979)

“…Ésta es la historia de El Lute
Un hombre que nació para ser cazado como un animal salvaje
Porque era pobre
Pero se negó a aceptar su destino
…”

Juraría que uno de los primeros periódicos que cayó en mis manos en la niñez, fue “El Caso”, y si la memoria no me traiciona, diría que la fotografía de la portada era la de Eleuterio Sánchez “EL Lute” con un brazo en cabestrillo y algo parecido a un apósito, en una de sus mejillas. Su aspecto demacrado y enjuto más parecía el de un mendigo, que el de un cruel criminal.

Escoltado por dos números de la Guardia Civil y a buen recaudo, la España de los 60” podía al fin dormir tranquila con aquel “peligroso elemento” o, “qelcaso66uinqui”, entre rejas.

Trascurrido casi medio siglo. Desaparecido el mítico y amarillento periódico “El Caso”, las portadas de la prensa actual, algunos días, no difieren demasiado de aquella de mi infancia; con algunos “sutiles matices; sustituyamos a la pareja de la Guardia Civil por dos policías nacionales y al detenido, enjuto y maltrecho, por unos lustrosos señores con look casual de Ermenegildo Zegna; al viejo “quinqui” acusado de robar gallinas; por los de ahora, presuntos autores de estafar a cientos de miles de españoles robándoles los ahorros de una vida o engaño al Estado con ERES falsos; administradores que administran lo suyo y lo ajeno en cuentas situadas en paraísos fiscales y mil tretas más de sofisticada factura.

También se producen “sutiles” variaciones en los procesos y las condenas; estos nuevos “Lutes” y sus abogados, conocen bien los retorcidos atajos que permite la ley para impugnar pruebas y promover recursos. Finalmente, trascurrido mucho, mucho tiempo y dictada sentencia en firme, ésta, la mayor de las veces, no será cumplida por imposición de recursos, falta de antecedentes, delitos prescritos, o por vaya usted a saber…

Eleuterio Sánchez tuvo tiempo de acabar una carrera universitaria entre rejas; estos de ahora, salen de la cárcel a la carrera, si es que alguna vez la llegan a pisar.

Nicolás Ramos Pintado

Peridista

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“ENTRE MIS RECUERDOS”
Opinión | Nacional | Mar, 11/06/2013

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“Entre mis recuerdos” Luz Casal (Hispavox-1995)

“…Cuando la pena cae sobre mí
el mundo deja ya de existir,
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos
…”

Acepto con gusto este reto de Objetico Castilla-La Mancha, que me permite volverme a comunicar con la gente de mi tierra y recuperar el contacto con aquellos que un día recibieron mis primeros alientos radiofónicos, con grandes dosis de indulgencia, es más que un placer; pero no sería honesto si en esta primera bocanada de sinceridad que se me permite, no tuviera un recuerdo para quien fuera una de mis primeras oyentes fieles en Radio Luz (RR) Alcázar de San Juan.

Recuerdo tu chispeante y afectuosa voz participando en los concursos de la radio, recuerdo los rápidos lazos de amistad surgidos entre tu familia y la mía, recuerdo como tus hijos chapoteaban y reían junto a los míos en aquella piscina de La Alameda, mientras los mayores preparábamos la comida del domingo; recuerdo tu generosidad y la de tu marido, vuestra sencillez, recuerdo tantas cosas… que no puedo por menos que pedirte perdón; perdón, por no haber estado contigo cuando la fiera del dolor se aferró a ti y a dentelladas desgarró tu garganta de madre indefensa, llevándose parte de tus entrañas. Perdón por mi ausencia, cuando poco tiempo después volviste a paladear el amargo sabor de la tragedia. La negra tormenta volvió a descargar su rayo mortal sobre tu esencia de madre, arrebatándote otra luz, y por segunda vez no supe secar tus lágrimas.

Sé por experiencia, que darle vueltas a las cosas, no nos ayuda demasiado emocionalmente, sé que el perdón incluso puede sonar como una palabra hueca que jamás curará el inmenso dolor por lo que se perdió; pero permíteme amiga mía, que hoy comparta contigo estas lágrimas, que en emocionado recuerdo, surgen en la distancia, por la ausencia de dos de tus seres más queridos, sinceramente vivos hoy en mis recuerdos, y en ti para siempre.

Para Inés

Nicolás Ramos Pintado

Periodista

http://www.objetivocastillalamancha.es/content/entre-mis-recuerdos

Una respuesta a “MOSAICO

  1. Eugenio Salazar

    Chabuca Granda es PERUANA No Mexicana

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